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Historias
de la Biblia, ciudades perdidas, Lawrence de Arabia... Jordania
está asociada a multitud de leyendas románticas.
Es un país que debería rebosar de turistas, sin
embargo, los conflictos de Oriente Próximo han mantenido
a las masas alejadas. Pero no hay que dejarse engañar:
Jordania es, por lo general, un lugar tranquilo. Más que
eso, es uno de los países más acogedores y hospitalarios,
y ni siquiera reina ese machismo tan inquietante que se respira
por toda la región. ¿En qué otro país
puede el viajero dejar sus pertenencias en la calle durante horas
y confiar en que todavía va a encontrarlas cuando regrese?
¿En qué otro país gentes totalmente desconocidas
invitan al turista a su hogar, sin que ello signifique que son
los propietarios de un comercio de alfombras?
Pero Jordania
no es únicamente esa amistosa taza de té con los
nativos; es también el escenario de dos de los parajes
más espectaculares de Oriente Próximo. Petra, la
antigua ciudad de los nabateos, inundada de visitantes, es una
de las ruinas más cautivadoras del mundo. Para una experiencia
ligeramente más contemplativa, hay que visitar el paisaje
desértico de Wadi Rum, que fascinó a Lawrence de
Arabia y ha empujado a más de un visitante a enfundarse
el típico pañuelo palestino (kaffiyeh).
Nombre
oficial: Reino de Jordania
Superficie: 89.206 km²
Población: 5,46 millones hab.
Capital: Ammán
Nacionalidades y etnias: 98% árabes (60%
de palestinos, muchos de ellos refugiados),
circasianos, chechenos y armenios
Idioma: árabe, inglés
Religión: 92% musulmanes sunitas, 4% musulmanes
chiítas, 4% cristianos
Lonly Planet
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